domingo 4 de diciembre de 2011

20 de diciembre, aniversario del Argentinazo 2001, apenas una muestra de lo que vendrá

Imagen: foto de la columna de CS en las barricadas de Diagonal Norte, donde peleó junto a cientos de compañeros y compañeras durante horas.

El Argentinazo fue un acontecimiento de suma importancia, no tanto por lo que logró -que no fue poca cosa- sino debido a las enseñanzas que dejó, muchas de las cuales ya se han incorporado en la conciencia de los millones que están protagonizando este riquísimo proceso de resistencia contra el plan de ajuste y represión del gobierno kirchnerista.

2001 mostró de manera práctica que la verdadera democracia no es la que imponen los poderosos de turno a través de elecciones bianuales que votan “representantes” para un parlamento que aplica a rajatabla el principal precepto de la Constitución Nacional: “el pueblo no delibera ni gobierna…” ¡Ese papel está reservado para los agentes de las multinacionales!

El Argentinazo enseñó que las masas pueden decidir el fin de cualquier gobierno y discutir en las calles la manera de construir el futuro, sin los votos y las botas. Las asambleas populares, aunque limitadas a ciertos sectores de la población capitalina y algunos distritos del gran Buenos Aires, constituyeron un gran avance democrático. ¡El pueblo contrarió a la Carta Magna: empezó a deliberar y a prepararse para gobernar!

Diez años después el proceso, en un sentido retrocedió las multitudes abandonaron las plazas. Sin embargo, en otro aspecto avanzó significativamente, ya que el método democrático se metió de lleno en las fábricas y las grandes empresas. Hoy son millones los trabajadores, que cada vez que salen a pelear imponen asambleas, aún en los gremios donde existen los burócratas más atrasados. ¡Que lo digan sino los petroleros de Santa Cruz, que hicieron una asamblea de miles para destituir a sus dirigentes corruptos!

Ese es el camino que transitaron o están haciéndolo los choferes de la 60, los tercerizados del Roca, los obreros de Kraft, los docentes de la Capital y Santa Fe, los obreros de Fate, los de la construcción agrupados en el SITRAIC, los del subte, los de VW en Córdoba que acaban de rechazar la propuesta salarial de la burocracia, y tantos otros y otras a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

El mismo rumbo que marcan a nivel internacional los obreros de Grecia, los trabajadores chinos, los estatales de Wysconsin y los portuarios de Oakland, los “indignados” de Wall Street y de España. La crisis económica y política está convirtiendo a la mayoría de los países en caldo de cultivo de nuevas revoluciones, como la que protagonizan los jóvenes del Norte del África y Medio Oriente: en Egipto, Túnez, Libia, Siria, Yemen o la mismísima Israel.

Más allá de los discursos y las intenciones “nacionales y populares” de Cristina y los suyos, Argentina camina para ese mismo lado. Y en la medida en que avance, seguramente recuperará y superará muchas de las enseñanzas del movimiento asambleario de 2001. Pronto veremos a miles gritando “¡Que se vayan todos… ejercitando la democracia directa en las asambleas y los piquetes de las grandes fábricas y empresas.

Nuestra organización, aunque pequeña hizo flamear -orgullosa- su bandera en las barricadas de Diagonal Norte, peleando codo a codo con cada uno de los compañeros y compañeras que allí estaban. Con la misma audacia y decisión nos preparamos para intervenir en incidir en el Argentinazo que se aproxima, impulsando los organismos que reclaman las actuales circunstancias: las asambleas obreras y populares, los comité de fábrica y empresas y las coordinadoras de lucha.

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