sábado 2 de abril de 2011

Malvinas, la posición del PST

A pocos días de la conmemoración de los 35 años del golpe, el aniversario de Malvinas no hace más que actualizar la bronca contra los militares, que asesinaron a miles de jóvenes durante años de durísima represión y enviaron al matadero a otros tantos en su aventura guerrerista, sin pertrechos, armamento y tácticas suficientes para enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Este es un aspecto cierto, pero existe otro aún más importante y está relacionado a qué posición debían tener los revolucionarios durante la guerra: ¿Había que quedarse en el “medio” denunciando el aventurerismo de Galtieri? Como planteó la mayor parte de la izquierda europea e incluso argentina o, como propuso el Partido Socialista de los Trabajadores (organización de la cual provenimos)¿Había que ponerse en la trinchera militar argentina sin apoyar políticamente a la Junta?

Una vez el país en guerra, como la mayoría de las grandes confrontaciones militares, ya no existían posibilidades de volver atrás sin la derrota de alguna de las partes. Por lo tanto no había márgenes para el abstencionismo, ya que no se planteaba la guerra entre dos potencias imperialistas o entre dos burguesías oprimidas, sino entre opresores y oprimidos, entre el imperialismo y un país dependiente.

Los trotskistas del PST caracterizamos que los militares, sin desearlo, habían desatado una movilización de masas de carácter antiimperialista, que iba objetivamente en contra de la propia junta y generaba una situación política y social que podía transformarse en revolucionaria, o sea muy favorable para las masas.

Eso es lo que entendieron, primero que nadie, los jefes imperialistas, quienes dejaron de lado sus diferencias y se unieron contra los argentinos. Los presidentes de EE.UU. y los principales países europeos, más allá de las diferencias tácticas que mantenían con la jefa del estado Inglés, Margaret Thacther, comprendieron que la chispa encendida por Galtieri amenazaba con desatar una marea antiimperialista a nivel continental.

Coherentes con nuestros análisis los trotskistas del PST nos alistamos en el terreno militar argentino, manteniendo la pelea política contra Galtieri, planteando que no había que suspender las luchas obreras y que la única garantía de que la guerra no fuera un fracaso era, justamente, echando a la Junta Militar reemplazándola por un gobierno de los representantes de los trabajadores en lucha.

Con esa orientación enfrentamos a los pacifistas que decían que había que denunciar a Galtieri y defender la “democracia”, que de una u otra manera expresaban las tropas inglesas, desplegadas en contra de la dictadura, expresada durante la guerra por los soldados argentinos.

Salvando las distancias, ya que Gadaffi no ha desatado ninguna guerra de carácter antiimperialista, para Libia estamos proponiendo una política parecida, ya que mientras llamamos a resistir los ataques de la OTAN, mantenemos la consigna de acabar con el gobierno dictatorial de Gadaffi, la única manera de derrotar militarmente a los agresores imperialistas.

En Irak, otro país en donde persisten los combates contra las tropas de ocupación, también apoyamos a la resistencia militar, sin por eso capitularle a las direcciones políticas que encabezaban la lucha, ya que los fundamentalistas y otros sectores que la dirigen, no son ninguna garantía de conducir las acciones, ni mucho menos de garantizar la construcción de un nuevo país al servicio de los trabajadores y el pueblo.

En 1982 los trotskistas dijimos que para sostener la guerra había que aplicarle impuestos extraordinarios a las empresas imperialistas y a las propiedades terratenientes. Exigimos, además, levantar todas las medidas restrictivas de la libertad y democracia, legalizando a los partidos, sindicatos, agrupaciones, etc., liberando a los presos políticos, investigando desapariciones y derogando toda legislación represiva.

Esta ubicación nos permitió a los trotskistas del PST empalmar con una porción importante de la vanguardia que por miles se había movilizado contra la agresión imperialista, pudiendo así construir -luego de la caída de la dictadura- el partido trotskista más importante del mundo, el Movimiento al Socialismo, que independientemente de sus errores y falencias, marcó un antes y un después en la historia política nacional e internacional.

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