sábado 4 de febrero de 2012

El capitalismo destruye todo, en pocos años no habrá peces en los mares debido al saqueo de las pesqueras


martes 17 de enero de 2012

25 de enero, 25 años de la muerte de Nahuel Moreno / SOBRE EL PROGRAMA Y el valor de las CONSIGNAS

En un curso que dictara el fundador de nuestra corriente -Nahuel Moreno- para los militantes del viejo MAS, luego del triunfo electoral de Alfonsín, decía que “El programa es el armazón teórico político. Un conjunto de tareas para una determinada situación de la lucha de clases. Una estructura, un sistema. No abarca solo un área, sino un conjunto de tareas que van de la mano de un análisis exhaustivo de la realidad. Estas tareas orgánicamente estructuradas tienen un eje o dos, que se combinan de distinta manera… Si no están bien articuladas no conforman un verdadero programa marxista.”

Refiriéndose a las consignas explicaba en ese mismo curso, que “El marxismo exige señalar que es lo más importante, que es lo estratégico, que es lo táctico… Lo más difícil, que requiere casi un arte, ya no solo ciencia, es la formulación de las consignas. Prácticamente la consigna es el programa concretado en una frase. Por eso es tan difícil de hallar estas frases, de manera que sirvan para convocar efectivamente a la lucha, a una acción de masas. Si un partido revolucionario no sabe dar con las consignas adecuadas, nunca va a dirigir la revolución aunque haga análisis brillantes y programas extraordinarios…”

En ese sentido Moreno tuvo un gran acierto. Además de caracterizar correctamente la situación de la lucha de clases abierta luego de la caída de la dictadura en el 82, la pegó con la utilización de una consigna, que al principio no fue tomada por la vanguardia, e incluso por muchos militantes del partido: el “NO PAGO DE LA DEUDA EXTERNA”. La agitación sistemática de esta palabra de orden le permitió al viejo MAS conquistar un espacio, primero dentro del activismo y después entre las masas, que llegaron a reconocer al partido como la organización de los “locos de la deuda”.

Una buena consigna, incluso propuesta desde la tribuna electoral, puede multiplicar las fuerzas del partido revolucionario por más chico que sea. Por eso, desde el momento en que los militantes del viejo MAS empezaron a ser reconocidos por su consecuente prédica del no pago, entraban a las casas de los obreros o iban a las asambleas con una carta de presentación inigualable que les abría las puertas de miles de conciencias.

El contexto actual luego del triunfo electoral de Cristina, la crisis internacional, la necesidad para el gobierno y la patronal de que esta crisis la paguemos los trabajadores y el pueblo pobre con más hambre y miseria, imponiéndonos techos de aumentos, salarios pulverizados por la inflación, tarifazos y la intensificación del saqueo de los recursos, exigen de nosotros la elaboración del programa más adecuado, lo que implica la utilización de algunas consignas que lo sinteticen y popularicen.

Este programa deberá partir de las necesidades inmediatas de la clase obrera y el pueblo, proponiéndoles consignas que los movilicen para pelear por el progreso y la defensa del poder adquisitivo y las conquistas. Tienen que lograrlo a partir de empalmar con su verdadero nivel de conciencia, aspiraciones e ilusiones. Un verdadero programa de transición tiende un puente entre las tareas presentes y la revolución socialista, única manera de satisfacer las reivindicaciones mínimas de los de abajo en el marco de la crisis terminal del capitalismo.

Los tiempos venideros dirán si somos capaces de responder a semejante desafío. Por esa razón, a 25 años de la muerte de Moreno lo homenajeamos intentando tomar esta enseñanza fundamental, construyendo además lo que él -con aciertos y errores- trató de hacer durante toda su vida: una organización de combate jugada a empalmar con otros grupos y fracciones para construir el estado mayor de la revolución nacional e internacional. La única manera de pelear la dirección de las masas, que están luchando de manera revolucionaria en todo el mundo.

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domingo 4 de diciembre de 2011

20 de diciembre, aniversario del Argentinazo 2001, apenas una muestra de lo que vendrá

Imagen: foto de la columna de CS en las barricadas de Diagonal Norte, donde peleó junto a cientos de compañeros y compañeras durante horas.

El Argentinazo fue un acontecimiento de suma importancia, no tanto por lo que logró -que no fue poca cosa- sino debido a las enseñanzas que dejó, muchas de las cuales ya se han incorporado en la conciencia de los millones que están protagonizando este riquísimo proceso de resistencia contra el plan de ajuste y represión del gobierno kirchnerista.

2001 mostró de manera práctica que la verdadera democracia no es la que imponen los poderosos de turno a través de elecciones bianuales que votan “representantes” para un parlamento que aplica a rajatabla el principal precepto de la Constitución Nacional: “el pueblo no delibera ni gobierna…” ¡Ese papel está reservado para los agentes de las multinacionales!

El Argentinazo enseñó que las masas pueden decidir el fin de cualquier gobierno y discutir en las calles la manera de construir el futuro, sin los votos y las botas. Las asambleas populares, aunque limitadas a ciertos sectores de la población capitalina y algunos distritos del gran Buenos Aires, constituyeron un gran avance democrático. ¡El pueblo contrarió a la Carta Magna: empezó a deliberar y a prepararse para gobernar!

Diez años después el proceso, en un sentido retrocedió las multitudes abandonaron las plazas. Sin embargo, en otro aspecto avanzó significativamente, ya que el método democrático se metió de lleno en las fábricas y las grandes empresas. Hoy son millones los trabajadores, que cada vez que salen a pelear imponen asambleas, aún en los gremios donde existen los burócratas más atrasados. ¡Que lo digan sino los petroleros de Santa Cruz, que hicieron una asamblea de miles para destituir a sus dirigentes corruptos!

Ese es el camino que transitaron o están haciéndolo los choferes de la 60, los tercerizados del Roca, los obreros de Kraft, los docentes de la Capital y Santa Fe, los obreros de Fate, los de la construcción agrupados en el SITRAIC, los del subte, los de VW en Córdoba que acaban de rechazar la propuesta salarial de la burocracia, y tantos otros y otras a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

El mismo rumbo que marcan a nivel internacional los obreros de Grecia, los trabajadores chinos, los estatales de Wysconsin y los portuarios de Oakland, los “indignados” de Wall Street y de España. La crisis económica y política está convirtiendo a la mayoría de los países en caldo de cultivo de nuevas revoluciones, como la que protagonizan los jóvenes del Norte del África y Medio Oriente: en Egipto, Túnez, Libia, Siria, Yemen o la mismísima Israel.

Más allá de los discursos y las intenciones “nacionales y populares” de Cristina y los suyos, Argentina camina para ese mismo lado. Y en la medida en que avance, seguramente recuperará y superará muchas de las enseñanzas del movimiento asambleario de 2001. Pronto veremos a miles gritando “¡Que se vayan todos… ejercitando la democracia directa en las asambleas y los piquetes de las grandes fábricas y empresas.

Nuestra organización, aunque pequeña hizo flamear -orgullosa- su bandera en las barricadas de Diagonal Norte, peleando codo a codo con cada uno de los compañeros y compañeras que allí estaban. Con la misma audacia y decisión nos preparamos para intervenir en incidir en el Argentinazo que se aproxima, impulsando los organismos que reclaman las actuales circunstancias: las asambleas obreras y populares, los comité de fábrica y empresas y las coordinadoras de lucha.

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sábado 23 de julio de 2011

A 35 años del asesinato de Santucho

El 19 de Julio de 1976 fue asesinado en su domicilio Mario Roberto Santucho, el “Roby”, principal dirigente del PRT-El Combatiente y fundador del ERP. Surgido a la vida política desde la Universidad de Tucumán, se acercó al proceso revolucionario como la mayoría de los jóvenes de esa época, impactado por la revolución cubana.

En 1961 se fundó el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular) del cual sería su máximo referente. En 1965 unificó a este grupo con Palabra Obrera de Nahuel Moreno, creando el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT.

Está experiencia, que duró 5 años, estuvo cruzada por la presión que ejercía sobre la vanguardia el intenso proceso revolucionario mundial, en especial la experiencia cubana y vietnamita, provocando permanentes debates acerca de las tácticas políticas y el método para la construcción del partido.

La “manera” cubana de llegar al poder influenció de tal forma sobre el PRT, que impulsó a Santucho a sacar conclusiones diferentes a las de Moreno, jerarquizando las acciones ejemplificadoras llevadas adelante por pequeños grupos armados en desmedro del trabajo “gris y cotidiano” sobre la clase obrera.

Por esa razón Santucho rompió con el grupo de Moreno, constituyendo primero el PRT-El Combatiente y después el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP. Moreno continuó utilizando el nombre de PRT, pero con el aditamento de “La Verdad”, el nombre de la publicación que editaba su partido. El PRT-ERP fue ilegalizado en 1973, el mismo año que rompe con la IV Internacional.

Debido al impulso monumental de la revolución cubana y al prestigio de Fidel y del Che, Santucho terminó arrastrando a los mejores cuadros del partido, dejándole a Moreno un pequeño núcleo de universitarios, con los cuales construyó después el PST y el MAS, los antecesores de CS y otros partidos que se reivindican morenistas.

Los cuadros obreros del PRT-ERP adhirieron fervorosamente a la teoría del “foco” guerrillero, llevando hasta el final esta experiencia en todo el país, pero principalmente en la zona de Tucumán, donde cayeron varios de los dirigentes que habían formado parte de la organización fundada por Nahuel Moreno.

Más allá de que el PRT-ERP continuara realizando trabajos políticos en las fábricas, donde llegó a tener cierta influencia, el centro de su accionar no pasaba por allí sino por desarrollar la guerra de aparatos que emprendió contra el estado burgués, una pelea desigual que obligó a Santucho a concentrar todas sus energías en librarla, abandonando en los hechos la pelea por la dirección del movimiento obrero.

La aventura guerrillera le sirvió a la burguesía para utilizarla como excusa para reprimir y liquidar a lo mejor de su vanguardia, primero desde las acciones paramilitares de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) que fundaron Juan Domingo Perón y López Rega y más tarde con el despliegue de los grupos de tareas de la dictadura procesista.

No cuestionamos a Santucho desde el pacifismo o el electoralismo que caracteriza al conjunto de las fuerzas que se reclaman del trotskismo. Somos fervorosos defensores de la política de autodefensa obrera y consideramos que los partidos revolucionarios deben alentar todo tipo de tácticas tendientes a desarrollar esta línea, ya que la clase obrera debe poner en pie sus destacamentos de combate para consumar la revolución y de defenderla.

Criticamos al heroico luchador que dio su vida por el ideal revolucionario porque en vez de poner al ERP al servicio de esta perspectiva, ubicó a la construcción de su “ejército” como el centro único de la estrategia partidaria. La historia de las revoluciones demostró que sólo el movimiento de masas en lucha es capaz de derrotar a los ejércitos más poderosos, como sucedió en Vietnam.

Todas las tácticas, aun las foquistas, pueden ser eficaces si se subordinan a este objetivo estratégico. Sino, como le pasó Santucho, terminan transformándose en escollos para la revolución.

Más allá de estas diferencias y del debate que continuaremos realizando con las posiciones que sostenía el “Roby”, desde nuestro partido le rendimos un homenaje sincero porque lo consideramos un héroe de la clase obrera y el pueblo argentino y latinoamericano, un héroe que las futuras generaciones deberán reconocer como tal. ¡Compañero Santucho hasta la victoria!

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viernes 15 de julio de 2011

El Frente de Izquierda debe sumarse a la campaña por la libertad de Olivera

El 13 de julio realizamos una marcha multitudinaria hasta la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación reclamando la libertad de Carlos Olivera, exigiendo también el encarcelamiento del responsable de haber montado la causa por la cual el compañero está preso, el secretario general de la UOCRA Gerardo Martínez, quien acaba de ser denunciado por pertenecer a los servicios de inteligencia de la dictadura.

La repercusión mediática que tuvo esta denuncia, impulsada por el sindicato al que pertenece Carlos, le dio a la marcha una connotación especial, ya que puso en el tapete el doble discurso de Cristina, que se la pasó hablando de derechos humanos mientras mantenía en secreto el informe que relacionaba a Gerardo Martínez con el batallón 601. ¡Ella contaba con la información desde hace más de un año, casi el mismo tiempo que lleva detenido Carlos!

Por todo esto, quienes ingresamos a la audiencia concedida por las autoridades de la Secretaría de Derechos Humanos les dijimos a los funcionarios que nos atendieron, que “cada día que pase Gerardo Martínez en libertad y Carlos Olivera detenido, constituirá una verdadera afrenta a los derechos humanos que este gobierno dice defender…”

El miércoles 13 marchamos el Bloque Piquetero, Asambleas del Pueblo, Quebracho, Torre, Convergencia Socialista, el Movimiento la Dignidad, la Comisión de Familiares de Alejandro Bordón y el SITRAIC. Lamentablemente faltaron a la cita, después de ser invitados, todos los partidos que integran el Frente de Izquierda.

Esta ausencia no es casual, ya que el PO, el PTS e Izquierda Socialista no han hecho casi nada por la libertad de Carlos, salvo alguna declaración perdida en alguno de sus periódicos. El PTS hizo un poco más que el resto, cediéndole un lugar a Olivera en las listas para que sea incluido como candidato. Sin embargo, más allá de esto ninguno de los dirigentes del FIT ha dicho, hasta el momento, una sola palabra sobre el caso en cada uno de los actos de la campaña electoral.

Hasta hace poco pensábamos que ese silencio no tenía que ver con una negativa a tomar la bandera de la libertad del compañero, sino que inicialmente respondía al desconocimiento y después a la vorágine de actividades del Frente. Pasado un tiempo más que prudencial -más de un año y medio de cárcel- hemos llegado a la conclusión que responde a una orientación, que es asumida por el conjunto de los partidos del FIT.

A pesar de que tenemos caracterizaciones al respecto no pretendemos ahora discutir las causas de esta negativa, sino llamar a la reflexión a los compañeros del Partido Obrero, el PTS e Izquierda Socialista. Queremos que se sumen a la campaña por la libertad de Carlos Olivera, una tarea principista que se potenciará en la medida en que avance la lucha por el encarcelamiento de su verdugo, Gerardo Martínez. ¡Compañeros, aún están a tiempo!


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domingo 3 de abril de 2011

Aniversario del asesinato de Carlos Fuentealba / Lecciones de una gran lucha

Por Paula Carbajal
Paula es la primera de la fila de activistas que increpa a la policía el 4 de abril de 2007 en Arroyito, luego del crimen de Carlos

Paula Carbajal, militante de CS e integrante de la comisión directiva de ATEN Capital, fue testigo en el juicio por la muerte de Carlos Fuentealba, ya que estuvo a su lado cuando el cabo Poblete lo fusiló en Arroyito. En este reportaje cuenta detalles de la asamblea que resolvió el corte en ese lugar y de la gran lucha que terminó con Jorge Sobisch, el principal responsable político del crimen de Carlos:

En la asamblea del 2 de abril polemizamos con la conducción de ATEN, porque sabíamos que la moción de ir a Arroyito el día 4 no servía para “endurecer la huelga”, sino para sacarla de la Capital, donde se había instalado la vanguardia del conflicto, los compañeros de las seccionales del interior, el sector más radicalizado y a su vez crítico de Marcelo Guagliardo y compañía.

Estos activistas cuestionaban la propuesta porque en 2006 el gobierno los había desalojado de las rutas provinciales con las patotas del MPN. Coincidimos proponiendo bloquear el puente de Neuquén, una buena manera de evitar el aislamiento y coordinar con otros sectores desde el centro político. Esta moción, que fue apoyada por Carlos Fuentealba, logró la votación del 40% de la asamblea.

Luego de la represión la bronca fue tan grande que las bases terminaron por imponer el corte del puente. La conducción de ATEN lo boicoteó porque las asambleas multitudinarias y los piquetes que se realizaban en ese sitio estratégico se transformaron en un centro de organización alternativo que cuestionaba en los hechos el poder y la política de los dirigentes del sindicato.

En ese momento uno de los debates más importantes dentro de las filas de la izquierda era si acatábamos la “disciplina de ATEN” o la superábamos imponiendo las decisiones de las asambleas del puente, donde participaban, además de trabajadores/as de la educación, estudiantes y compañeros/as de otros gremios. La muerte de Carlos había provocado un conflicto que dejó de pertenecer a los docentes, transformándolo en la lucha de todos. Por eso no había manera de organizar la lucha regimentándola al interior de los “cuerpos orgánicos” de ATEN, que expresaban sólo a un sector.

Transitábamos una fenomenal crisis política que provocó un vacío de poder. ¡Por primer vez existió la posibilidad de herir de muerte al partido reaccionario que gobierna la provincia desde hace más de cuarenta años! Los miles de activistas que se nucleaban cotidianamente en el puente constituían el sector clave, el más decidido a cumplimentar esa tarea.

Esta situación puso a prueba a la izquierda. ¡O nos manteníamos como simples docentes reclamando por nuestros reclamos, o nos ubicábamos como la dirección de los trabajadores y el pueblo! Lamentablemente el PO, PTS, MST, PCR y otros grupos fueron a la cola de Guagliardo vaciando y boicoteando las asambleas del puente, cuando estas se habían convertido en el embrión del organismo que reclamaban las circunstancias para garantizar la lucha consecuente contra Sobisch.

Esta discusión cobrará relevancia cada vez que las próximas luchas se radicalicen y obliguen a sus dirigentes a dar respuestas políticas y organizativas que superen los estrechos límites de los sindicatos que conducen. La realidad los pondrá en un brete, impulsándolos a convertir a estos en el eje de la organización de las asambleas populares que construyan el próximo Argentinazo.

La experiencia del puente de Neuquén, que jugó un papel fundamental dentro de la gran lucha que derribó al gobernador Jorge Sobisch, nos plantea enseñanzas que serán decisivas a la hora de avanzar en ese sentido. Llevarlas hasta el final será la mejor manera de homenajear a Carlos Fuentealba a cuatro años de su asesinato.

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sábado 2 de abril de 2011

Malvinas, la posición del PST

A pocos días de la conmemoración de los 35 años del golpe, el aniversario de Malvinas no hace más que actualizar la bronca contra los militares, que asesinaron a miles de jóvenes durante años de durísima represión y enviaron al matadero a otros tantos en su aventura guerrerista, sin pertrechos, armamento y tácticas suficientes para enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

Este es un aspecto cierto, pero existe otro aún más importante y está relacionado a qué posición debían tener los revolucionarios durante la guerra: ¿Había que quedarse en el “medio” denunciando el aventurerismo de Galtieri? Como planteó la mayor parte de la izquierda europea e incluso argentina o, como propuso el Partido Socialista de los Trabajadores (organización de la cual provenimos)¿Había que ponerse en la trinchera militar argentina sin apoyar políticamente a la Junta?

Una vez el país en guerra, como la mayoría de las grandes confrontaciones militares, ya no existían posibilidades de volver atrás sin la derrota de alguna de las partes. Por lo tanto no había márgenes para el abstencionismo, ya que no se planteaba la guerra entre dos potencias imperialistas o entre dos burguesías oprimidas, sino entre opresores y oprimidos, entre el imperialismo y un país dependiente.

Los trotskistas del PST caracterizamos que los militares, sin desearlo, habían desatado una movilización de masas de carácter antiimperialista, que iba objetivamente en contra de la propia junta y generaba una situación política y social que podía transformarse en revolucionaria, o sea muy favorable para las masas.

Eso es lo que entendieron, primero que nadie, los jefes imperialistas, quienes dejaron de lado sus diferencias y se unieron contra los argentinos. Los presidentes de EE.UU. y los principales países europeos, más allá de las diferencias tácticas que mantenían con la jefa del estado Inglés, Margaret Thacther, comprendieron que la chispa encendida por Galtieri amenazaba con desatar una marea antiimperialista a nivel continental.

Coherentes con nuestros análisis los trotskistas del PST nos alistamos en el terreno militar argentino, manteniendo la pelea política contra Galtieri, planteando que no había que suspender las luchas obreras y que la única garantía de que la guerra no fuera un fracaso era, justamente, echando a la Junta Militar reemplazándola por un gobierno de los representantes de los trabajadores en lucha.

Con esa orientación enfrentamos a los pacifistas que decían que había que denunciar a Galtieri y defender la “democracia”, que de una u otra manera expresaban las tropas inglesas, desplegadas en contra de la dictadura, expresada durante la guerra por los soldados argentinos.

Salvando las distancias, ya que Gadaffi no ha desatado ninguna guerra de carácter antiimperialista, para Libia estamos proponiendo una política parecida, ya que mientras llamamos a resistir los ataques de la OTAN, mantenemos la consigna de acabar con el gobierno dictatorial de Gadaffi, la única manera de derrotar militarmente a los agresores imperialistas.

En Irak, otro país en donde persisten los combates contra las tropas de ocupación, también apoyamos a la resistencia militar, sin por eso capitularle a las direcciones políticas que encabezaban la lucha, ya que los fundamentalistas y otros sectores que la dirigen, no son ninguna garantía de conducir las acciones, ni mucho menos de garantizar la construcción de un nuevo país al servicio de los trabajadores y el pueblo.

En 1982 los trotskistas dijimos que para sostener la guerra había que aplicarle impuestos extraordinarios a las empresas imperialistas y a las propiedades terratenientes. Exigimos, además, levantar todas las medidas restrictivas de la libertad y democracia, legalizando a los partidos, sindicatos, agrupaciones, etc., liberando a los presos políticos, investigando desapariciones y derogando toda legislación represiva.

Esta ubicación nos permitió a los trotskistas del PST empalmar con una porción importante de la vanguardia que por miles se había movilizado contra la agresión imperialista, pudiendo así construir -luego de la caída de la dictadura- el partido trotskista más importante del mundo, el Movimiento al Socialismo, que independientemente de sus errores y falencias, marcó un antes y un después en la historia política nacional e internacional.

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